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Mamaaaa ¿Cuándo llegamos?

Es tiempo de vacaciones y, para algunos, de planificación de viajes en familia. Viajar con niños no es una tarea sencilla: hay muchas cosas para tener en cuenta y muchísimas más para llevar en las valijas.
No importan los kilómetros o la cantidad de horas, a los chicos se le hace largo, tedioso, se impacientan, se inquietan y es posible que pregunten a cada rato cuánto falta desde los 30 minutos o 50km de la partida.
Es imprescindible organizarnos para que el viaje sea placentero y podamos empezar a disfrutar desde el primer momento.
Una buena opción es contar con entretenimiento como juegos de cartas, libros, materiales para dibujar, o pantallas para ver pelis o jugar. También es necesario disponer de galletitas, jugos, o algunas golosinas y olvidarse de las migas dentro del auto hasta que regresemos.
Consideraremos, además, preparar almohadas por si se duermen, cortinas parasol en las ventanillas, bolsas para vomitar, abrigo por el aire acondicionado, muda de ropa por si transpiran y un montón de “por si acaso” más, que ocupan mucho espacio dentro del vehículo pero pueden salvarnos en un momento crítico.
Por último, familias con niños tendremos en cuenta horario de salida, rutina de los chicos y frecuentes paradas intermedias al baño, descansar o despejarse, aunque la llegada a destino se postergue un poco.
Pero lo que no puede faltar es tranquilidad, flexibilidad y buena predisposición de nuestra parte. No olvidar que la idea es divertirse, pasarla bien.
Felices vacaciones y buen viaje.

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¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Hay una edad en la que nuestros chiquitos nos acribillan a preguntas: algunas sorprendentes, otras irrisorias, y muchas tantas inesperadas. “¿Por qué los perros ladran?”, “¿Por qué llueve?”, “¿Por qué la abuela tiene canas?”, “¿Por qué lloramos cuando estamos tristes?”, “¿Por qué el cielo es color celeste?”, “¿Por qué todos nos vamos a morir?”…
Por supuesto, los niños no admiten contestaciones evasivas del tipo “porque sí” o “porque no”; en ese caso, continuarán incansablemente los cuestionamientos hasta obtener una respuesta que los satisfaga.
No siempre es fácil responder, menos argumentar explicaciones entendibles a tan corta edad y su insistencia puede agobiarnos hasta llevarnos al límite de perder la paciencia… y ahí es cuando nosotros mismos nos preguntamos: “¿Por qué tantos porqués?”
Alrededor de los 3 años, la curiosidad los invade y necesitan conocer el mundo, entender el entorno que los rodea, comprender la realidad. Entonces, recurren a las personas en las que más confían para que los ayuden a tal fin, los acompañen en su crecimiento y los apoye en la adquisición de conocimientos.
Por eso, es muy importante no burlarse ni ridiculizarlo y dar respuestas verdaderas; porque está en juego no sólo el modo en el que el niño se relaciona con el mundo sino, también, la forma en la que se comunica con nosotros. Y deseamos que ambas sean positivas.
Así que, mamis y papis, a respirar profundo y a responder!

Menos pantalla de tv y más pantalla solar

Terminaron las clases, llegaron las vacaciones, ya casi es verano y arrancó la temporada ideal para las salidas al aire libre con nuestros hijos.
Lamentablemente, la dinámica de nuestra vida actual, la rutina y las ocupaciones nos dejan poco tiempo durante el año para el contacto con la naturaleza. Por eso, durante el receso escolar de los chicos y si tenemos días de vacaciones en el trabajo, aprovechamos para ir a la plaza, club, quinta, playa, montaña o campo; lo importante es desconectarse y disfrutar de un ambiente natural.
Las actividades al aire libre son muy beneficiosas para los niños: Fomentan el movimiento del cuerpo, el ejercicio, ya que tienen espacio para correr, desplazarse y, también, la creatividad, porque no se encuentran con un juego estructurado sino con la posibilidad de explorar e inventar con lo que tienen a mano, con el entorno. De la misma manera, una tarde en el club o en el parque promueve las habilidades sociales, al estar en contacto con otros niños y el desarrollo de la independencia y autonomía.
Por supuesto, que este tipo de salidas requiere ciertas atenciones de nuestra parte. Incluso puede ser que nos sintamos un poco temerosos e inseguros. Pero lo principal es tener presentes las prevenciones necesarias según la edad de los niños y el lugar en el que nos encontremos. Precaución con el agua (pileta, río, mar), con el sol (horarios, protectores, gorro) y con insectos (repelentes). Y siempre hablar con nuestros hijos, enseñarles, explicarles, indicarles los mismos cuidados.
No dejemos que se pierda el ocio activo, el contacto con la naturaleza, el disfrute del entorno verde. No dejemos que nos absorban el celu, la compu y la tele. A respirar aire puro, a disfrutar el verano, a dejar que los chicos se ensucien, corran bajo el sol, jueguen con agua, se entretengan con palitos y arena, trepen a los árboles…

Feliz Navidad (con niños)

Cuando llegan los niños a nuestras vidas se reaviva el espíritu navideño; porque más allá del sentido estrictamente religioso, la navidad tiene una cuota de magia, fantasía e ilusión, que nos conecta con lo infantil.

Armar el arbolito y decorar la casa es una de las actividades que los pequeños suelen disfrutar mucho y no importa el tamaño del pino, ni el color, ni es necesario gastar una fortuna, sino que lo trascendente es dejarlos participar y colaborar, que puedan dejar su impronta.

Junto con el armado del árbol llegan las cartitas y pedidos: Buen momento para recordarles a nuestros hijos que no sólo es relevante demandar el ansiado juguete de la publicidad sino también proyectar el año que viene con augurios de felicidad, amor, salud y los valores que queremos transmitirles.

Ahora bien, uno de los puntos clave de estas fechas es el cuestionamiento que nos hacemos los padres acerca de si debemos o no alentar la fantasía de la existencia de Papá Noel, si se trata de una ilusión agradable o de un engaño, o cuál es la edad conveniente para decirles la verdad… Y aquí es donde cada familia hallará sus propias respuestas o sus formas de enfrentar el tema, respetando las covicciones, opiniones y decisiones de las demás.

Mi decisión fue no fomentar la creencia. Sí contar el cuento, el mito, la tradición pero no como una realidad ni una verdad absoluta. Y escuchar sus ideas, sus apreciaciones al respecto, así como enseñarles a aceptar las de los otros.

Por último, llegadas las reuniones de Nochebuena y Navidad, destacar el significado de estar con los afectos, sin forzar, ni aparentar, ni estresarse. Disfrutar con las personas que uno ama y pasar un buen momento, cada uno elige cómo y con quién, pero que sea en armonía y en paz. Chin chin.

No espero que seas Messi

Sabemos que realizar una actividad física promueve la salud psicofísica y en los niños favorece y acompaña su íntegro desarrollo.

Los beneficios del deporte infantil son múltiples. En el plano físico, colabora con el buen crecimiento de músculos y huesos, con la adquisición de destreza y coordinación, con la obtención del placer por movimiento. Pero también es importante en un sentido social, ya que practicar una disciplina de equipo contribuye a la socialización e integración, a superar la timidez, trabajar con los demás, adquirir valores, aprender a seguir reglas y frenar impulsos excesivos, también a respetar la autoridad.

Es imprescindible para esto, evitar ciertos efectos negativos, eligiendo una actividad de acuerdo a la edad y a los deseos del niño, supervisada por un entrenador idóneo y controlando las exigencias desmedidas de los padres. Con esto último me refiero, al mandato de resultados favorables, los reclamos por el tiempo y el dinero invertidos en la actividad, los cuestionamientos, las indicaciones a gritos desde la tribuna, las desvalorizaciones y las comparaciones.

Nuestros hijos no deben llevar el peso de tener que cumplir con los frustrados deseos de sus padres, ni la presión de tener que lograr aquéllas metas que sus padres no alcanzaron, ni llevar una vida que sus padres proyectaron y no pudieron tener…

Yo no espero que seas Messi. Espero que disfrutes, que te diviertas, que hagas amigos, que no te importe perder, que tu prioridad sea jugar. Espero transmitirte entusiasmo, reforzar tu autoestima, darte ánimo, alentarte. Espero que seas feliz con lo hagas, con lo que elijas… Siempre.

Mi cuerpo de mamá

La maternidad nos revoluciona la vida, nos modifica la forma de ver las cosas, nos transforma la manera de pensar, nos cambia las prioridades, los horarios, las rutinas y, también, nos cambia el cuerpo. Convertirse en madre deja marcas en nuestro envase.

Algunas transformaciones son temporarias como el evidente crecimiento de la panza, las manchas en la piel o la caída del cabello por las alteraciones hormonales y hasta las ojeras de frecuentes noches de poco dormir. Pero, otras, pueden ser definitivas como las estrías, la celulitis, las várices, el ensanchamiento de las caderas e incluso la cicatriz de una cesárea.

Nos puede resultar difícil asumir estas modificaciones y reconocernos en nuestra nueva imagen corporal. Pero, además, no contribuyen ciertos mandatos culturales que pesan sobre nosotras. Me refiero a aquéllos que nos exigen la perfección de la figura, llenando nuestras pantallas de mujeres desfilando en micro bikinis a quince días de haber parido. Y lo cierto es que la mayoría de las mortales no tenemos esa genética o esa suerte.

Creo que la clave es aceptar esas transformaciones y aprender a llevarlas. No compararnos ni con otras, ni con las que fuimos. Y recordar el motivo por el cual nuestro cuerpo ha cambiado: trajimos un ser a este mundo, tuvimos la dicha de llevarlos en el vientre, sentirlos crecer, moverse, verlos nacer, amamantarlos, pasar noches sin dormir para cuidarlos, contenerlos… todas las marcas que quedaron son el testimonio de ser mamá. A vivirlas con satisfacción y orgullo… Mucho más haríamos por nuestros hijos y volveríamos a hacer.

Mi bebé en Neo

Después de esperarlo muchas semanas, cuando nace nuestro bebé, queremos llevarlo a casa, descansar y disfrutar, organizarnos, llevar adelante todos los planes que hicimos durante el embarazo. Pero recibir la inesperada noticia de que debe quedarse en la Unidad de Neonatología nos asusta, nos preocupa y, sobre todo, nos angustia.

No importa si serán horas, días o semanas, la Neo parece un lugar tan frío, inhóspito, desagradable, lleno de aparatos, tubos, sondas, monitores, que no nos resulta el sitio ideal para que esté nuestro bebé, que debería estar plácido y confortable en nuestros brazos. Surge la sensación de que nadie lo va a saber cuidar como mamá y nos podemos sentir desplazadas en nuestra función, porque el pequeño necesita atención médica y esa es la prioridad.

Entonces, debemos desacelerar el ritmo, estar atentas a lo primordial, tranquilizarnos y confiar. Y para hacer la estadía un poquito más fácil, podemos informarnos, hablar con el personal, preguntar, evacuar dudas, aprender.

Es una experiencia que atraviesan muchas otras mamás y, a veces, también compartirlas con ellas, con quienes nos sentimos identificadas, puede ayudarnos.

Mi bebé estuvo diez interminables días en Neo; un período muy difícil para mí. Lloré mucho y saqué fuerzas, me recuperé, cambié, reflexioné. Tengo vivos recuerdos de cada vez que entré a verlo, cuando lo pude levantar, cuando lo pude amamantar, cada avance, cada logro, hasta el día en que pudimos irnos juntos a casa.

Me estremece y me moviliza evocar la imagen de fragilidad y, a la vez, fortaleza de mi pequeño gran amor. Ahora lo veo crecer, saltar, correr, gritar, aprender, explorar, sonreír y no hay nada más bello.