Había una vez una casa con niños…

La llegada de los hijos modifica nuestras vidas, nuestros tiempos, nuestras prioridades. Modifica todo. También nuestros hogares. Parece que ya no predomina lo estético sino lo seguro, ya no prevalece lo meticuloso sino lo funcional y por supuesto, no se destaca el silencio sino las vocecitas, los dibujitos en la tele y las canciones infantiles.

Con niños en casa, de lo primero que nos despedimos es de los adornos frágiles u objetos rompibles. Las opciones son: ubicarlos a más de un metro y medio o guardarlos para cuando ellos tengan más o menos 20 años.

La decoración se va transformando progresivamente. Se hace cada vez más colorida, llamativa, estimulante, “surrealista” le podríamos decir. En vez de cuadros, collages que los chicos traen del jardín. En lugar de esculturas, la colección de los muñecos de la Cajita Feliz. En el sofá, haciendo las veces de almohadón, un hermoso Minion de peluche.

Sin dudas, la limpieza y el orden también sufren una variación. En primer lugar, porque ya no disponemos de las mismas horas para dedicarle (aunque no hay tiempo que alcance con criaturitas dando vueltas por la casa con galletitas en sus manos, caramelos masticables, plastilinas, crayones o cualquier otra arma letal). Y en segundo lugar, por el esparcimiento de objetos que los niños realizan. Estoy convencida que disfrutan más de desparramar los juguetes que de jugar con ellos. Podemos estar media hora, en posición de cuadrupedia, juntando y acomodando los ladrillitos, hasta que el pequeño se percate de que terminaste para dar vuelta el balde con una sonrisa diabólica.

Además si hay algo de lo que realmente nos preocupamos, es de hacer de nuestra casa un lugar seguro para las personitas que más nos importan. Para eso, colocamos tapitas en los enchufes, topes en las puertas, protectores en las esquinas de los muebles, barandas y demás. Paulatinamente, observando y estando alerta de los riesgos, construimos una vivienda “a prueba de niños”, sin miramientos por lo bello a la vista.

Pero, también, nuestra casa se convierte en un lugar lleno de vida, de alegría, al que queremos volver después de un día agitado a abrazar a nuestros inquietos y ruidosos retoños.

Hogar dulce hogar.

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Una respuesta a “Había una vez una casa con niños…

  1. hola jimena queria felicitarte por el texto me encanto !! No hay regalo mas hermoso en esta vida que una casa llena de niños una de esas es mi casa y somos muy felices !

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