Tachín, Tachín, Tachín… ¡Vamos al Jardín!

El paso de nuestros hijos por el Jardín es una vivencia llena de emociones. Se habla mucho (y sabemos de qué se trata o hemos padecido) sobre el proceso de “adaptación”, en el que el pequeño se va insertando a un espacio desconocido, se va incluyendo en una nueva rutina y se va separando progresivamente de su familia. Pero poco se dice de la adaptación que las madres debemos realizar, las situaciones nuevas a las que nos enfrentamos, las insólitas experiencias que debemos atravesar, los nuevos vínculos que entablamos y todo lo que ni siquiera imaginábamos que comienza a formar parte de nuestras vidas.

La seño. La típica maestra jardinera es como Panam o Caramelito (no físicamente, señores). Me refiero a que se dirige a los padres como a niños de 2 años. Siempre con una sonrisa. Y nunca te va a llamar por tu nombre, para ella sos “Mami”. La mayoría de estas mujeres merece el Premio Nobel de la Paciencia.

Los compañeritos. Los primeros amigos, enemigos y amores de nuestros pequeños están entre los compañeros del Jardín. Pueden hablar toda la tarde sobre lo que hizo su amigo admirado, quién es su “novia” o quién lo empujó en el tobogán. Estas historias son parte de las conversaciones diarias con nuestros niños.

Las notitas. “Mami: para el proyecto “Hacemos un robot con material de desecho” debo traer al jardín una caja de televisor 29” (no LCD), 20 tubos de cartón de papel higiénico (sin papel), goma eva, lanas, retazos de tela, lentejuelas, botones y todo lo que tengamos en casa para decorar, en una bolsa gigante con nombre, sin falta para mañana.” Tenés que salir corriendo. Ya.

Las mamis. Los niños socializan, las madres también. Te encontrás con las mismas mamás dos veces al día durante años, compartís charlas, intercambiás opiniones sobre lo mal que se porta Fulanito, copiás ideas para los cumples, te enterás en qué librería está a mejor precio el libro de inglés… Dónde hay muchas mujeres hay lío, obvio, pero también podés hacer buenas amigas, con las que compartís un gran interés común.

Las fiestitas. No sólo bailan y se disfrazan los chicos. No. Hay que perderle miedo al ridículo porque para el Día del Niños, Primavera o Fin de Año seguro te toca vestirte de Osito Cariñosito o aprenderte la coreo de Topa. ¿Puede ser peor? Si. ¡Alguien sube fotos y video a Facebook!

A todo eso y mucho más debemos adaptarnos. Pero, sin dudas, los años que pasamos con nuestros hijos en el Jardín de Infantes dejan hermosos recuerdos.

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