De Princesas y Superhéroes

Un segundo hijo es, sin dudas, una experiencia diferente. Una ya no tiene la misma edad, ni el mismo tiempo, ni los mismos miedos de primeriza. Es otra maternidad.

Con mi primera hija estaba muy cómoda en el rol de “mamá de nena”. Pero, como la vida se empecina en desestructurarme, el segundo fue un varón. Por los tanto, se agregaron algunas otras diferencias…

Acostumbrada a pasar horas con mi pequeña dibujando, coloreando, haciendo pulseritas y pintándonos las uñas, un buen día, me encontré con la máscara de Spiderman jugando a la “lucha” con el Mini Capitán América… Patadas, empujones, saltos y mucha, pero mucha, ¡transpiración!

A la hora de salir, él con jean, remera y zapatillas está listo para cualquier ocasión. Ella puede pasar un largo rato decidiendo si va con calza o pollerita, ¿o mejor vestido?, si sandalias o guillerminas, si combina, si lleva cartera… (Sí, ella decide)

El hecho de invitar amigos a casa también evidencia cierta desemejanza. Ellas requieren más atención, se aburren más fácilmente, se generan más conflictos. A ellos, les das una pelota ¡y tenés la tarde solucionada!

Pero, la más sorprendente, es la diferencia en el sentido del humor. Los varones se pueden reír horas sobre temas escatológicos. Tienen una extraña predilección por los chistes que incluyan temas de gases, eructos y otros. (“¡Qué asqueroso!” Diría mi delicada niñita)

Mi tierna mi princesa y mi inquieto superhéroe… Dos vivencias disímiles. Dos vínculos distintos. Dos maternidades. Dos aprendizajes… Un Amor Intenso.

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